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 "Hágase rico pescando en 24 horas"

                                                                Con Juan y Luis
               Capítulo I
       El disfraz y el mendigo

Eran las ocho y media de la mañana y Juan se encontraba junto al mar, sentado sobre una piedra y con la mirada perdida. Reflexionaba sobre la experiencia vivida el día anterior,
-¡qué ridículo mas espantoso hice Señor!- ,decía en voz alta moviendo ambos brazos y mirando hacia el cielo.
Fue macabra, grotesca y de muy mal gusto, una gracia de la casualidad, ¡con lo feliz que iba él a la fiesta disfrazado de Fredy Crugger, el de "Pesadilla en Helm Street"; con esa máscara impresionante, ese jersey rojo con franjas negras y con esa mano con uñas largas y afiladas.
Pero aquel inoportuno rayo y su posterior trueno causaron un gran apagón en aquella zona de la ciudad y que el número nueve se convirtiera en seis al caerle aquel clavito y, por tanto, que se equivocara de puerta, pero hubo más, mucho más.
Aquella puerta estaba abierta, -pensé que era por la fiesta-, y entró, a oscuras y gritando:
-¡Holaaa...! ¡ Ya estoy aaaaquiiií! ¡he venido a por tiiiiiii!.-A Juan le extraño un poco que hubiesen encontrado tantas velas tan rápidamente, cuando no hacía ni tres minutos del apagón, y que estuvieran llorando y rezando todos a la vez, -¡que nivel! -pensó, pero cuando asomó esa carita por la puerta, aquella gente enmudeció y con la simple luz de un relámpago a través de la ventana y aquella frasecilla de Juan repetida de nuevo fue suficiente para aquello se convirtiera en una gran estampida de elefantes, búfalos, yenas y vacas.
La poca gente que no huyó en aquel instante lo hizo minutos después al restablecerse de nuevo el servicio eléctrico, ¡hasta el mismísimo Juan!
Pero debía de tratar de olvidarlo...
Esa mañana era una mañana espléndida. El sol brillaba pero aún sin mucha fuerza y de un color anaranjado. El cielo, al igual que el mar, de un azul claro y el agua , cristalina, transparente.
Allá en el horizonte se divisaban varias barcas de pesca, inmóviles, como pintadas en un gran cuadro. En la orilla, las olas acababan su recorrido sin casi fuerza.
Un hombre mayor paseaba por la orilla junto a un perro. Tenía las trazas de un vagabundo tanto el hombre mayor como el perro que le acompañaba; su ropa era de varios colores y cada una pertenecía a un trozo mal remendado de otra prenda distinta y por lo que le asomaba por el cuello, debía de utilizar bolsas de plástico en lugar de camisas. Se ayudaba de un palo para poder caminar.
Atado por un cordel de esparto, iba arrastrando al perro. Si, como dicen muchos, las mascotas se parecen bastante a sus dueños, esta, era una verdadera copia; aquel perro debía de tener bastantes años; el pelo ya se le había caído, como a su amo, los colmillos inferiores; amarillos y torcidos le sobresalían del morro, también como a su amo y, a falta de palo para poder caminar, le faltaba un buen trecho de rabo aunque, su amo, había conseguido adaptarle un matamoscas al rabo con varias vueltas de cinta aislante para que al menos pudiera espantar las moscas u otros parásitos, aunque más bien huían de aquel animal.
Al pasar junto a Juan le dio los buenos días y aquel hombre y su perro desaparecieron en la lejanía...

 

                    
               

 

 

 

 

 

                          Capítulo  II
                    Todo empezó....
              
Juan empezaba a ponerse algo nervioso; aquellas barcas que parecián inmóviles al principio, ¡yá habian desaparecido!. Miraba constántemente el reloj de su muñeca, su amigo inseparable Luis yá debía de haber hecho acto de presencia pero, como siempre, llegaba tarde a todo.
Luis era un tipo simpático; muy fuerte y alto como su padre y su madre pero también, con un par de defectillos; no era lo suyo utilizar la cabeza, salvo para ponerse, de vez en cuanto, alguna gorra, si es que encontraba alguna a su medida, igual que su padre. Su segundo defectillo era el más difícil de disimular; lo feote que era de cara; mirándole a lo lejos era como mirar al viejo autobús de línea, que no se sabe si va o viene; como su madre.
Pero todo esto no le importaba a Juan, lo importante para él era la amistad y la lealtad y, en esto, Luis era un verdadero campeón de campeones.
Juan era todo lo contrario a Luis; bajito, un tanto debilucho pero, hábil, muy hábil, tanto con las manos como con la mente, al menos eso era lo que él creía.
Se conocían hacía bastante tiempo; casi desde la infancia, juntos hicieron la mili y juntos iban a todas las partes. Esta era la enésima vez que intentaban algo semejante; ambos estaban ilusionados en hacerse ricos y millonarios pero, éso sí, sin dar golpe, aunque siempre acababan de la misma forma: trabajando el doble y sin cobrar ni un solo duro.
La idea de emprender esta aventura surgió el jueves de la semana anterior cuando ambos paseaban por la calle sin ningún rumbo ni dirección fija, como de costumbre, y vieron, en el escaparate de una afamada librería una especie de manual con un título en letras grandes y doradas que les abrió los ojos hasta casi caérseles:
"Hágase rico pescando en 24 horas"
Sin duda les venía como anillo al dedo. Pero surgió un nuevo problemilla: su alto precio, y desde luego, eso iba a ser un gran obstáculo pero, no podían reprimirse a comprarlo. Debían de encontrar una solución rápida.
-Mira... -le decía Juan a Luis-,...creo que tengo la solución..mientras yo distraigo al librero, tú, pillas el manual y, haciéndote el despistado, te lo metes entre los calzoncillos y sales de la librería...
-Sí, pero...¿cómo sé si yo sabré hacerme despistado?.
-Tú de eso no te preocupes, sé tú mismo.
-Ok.
Su plan fue perfecto, la puesta en escena, sobresaliente; ambos salieron de aquella librería con el manual entre los calzoncillos y además, aprovechando la ocasión, con un libro de cocina para torpes y otro sobre la cría y fauna de la chinchilla ibérica.
Ninguno de los dos tenía la más remota idea sobre el arte de la pesca, pero no les importaba, tenían aquel manual que parecía estar bastante completo, sobre todo por su precio y tenían que arriesgarse porque aquello merecía la pena.
Ya tenían el manual, las ganas y tan sólo les faltaba el resto, es decir, todo lo necesario para poder afrontar esta aventura con garantías: cañas, anzuelos, cebo y, sobre todo, el bote, pero...¿de dónde iban a sacar el dinero para comprar todo aquello?.
¿Solicitar un prestamo a un banco?...no.
Imposible.
¿Un atraco a mano armada?...no. Peligroso.
Juan, de nuevo, propuso la solución: utilizar el mismo sistema empleado para conseguir el manual, es decir: robar libros, para luego empeñarlos, aquello parecía sencillo y además daba bastante dinero. Después, con el dinero que hubiesen ganado tras la aventura, los desempeñarían y se los devolverían a sus respectivos dueños. Sería un préstamo, eso sí, algo forzado, pero un préstamo.
En tan solo un par de horas, las librerías de la zona fueron atracadas sin que apenas se dieran cuenta. El sistema funcionaba a la perfección y es que...¿quién iba a sospechar que un tipo alto con cara de idiota y otro bajito, medio enclenque, fuesen los mayores atracadores de la literatura contemporánea?.
Al dueño de la casa deempeños le dejaron tiritando, con los forros de los bolsillos blancos y vueltos del revés.
 
  

 

 

 

 

 

 

                          Capítulo  III
               El reparto en  "La estampida"

Ahora, lo siguiente era dividirse la lista de compras y la mejor forma de hacerlo era tomando unos refrescos y unas tapitas en el bar, tranquilos y sin prisas. Fueron al bar "La estampida", que debía su nombre por la curiosa forma que tenían sus clientes de abandonar el local cuando llegaba la policía.
Ambos solían frecuentarlo bastante y en el tenían una cuenta abierta que casi nunca se cerraba. Juan pidió un refresco de cola y Luis un batido de chocolate junto con una ración de caracoles con tomate.
-Mira... -decía Juan-,...como yá te conozco bastante, tú te vas a encargar de lo más facilito, es decir, de los alimentos, de la bebida, de los salvavidas y de la embarcación...
-¿Y tú? -preguntó inconforme Luis mientras succionaba el chocolate del interior de un caracol...
-Yo me encargaré del resto.
-¡Anda qué listo, yo tengo que encargarme de los alimentos, bebidas y embarcación y tú tan sólo del resto!
-Bueno, está bien, yo me encargareeeé... y tú del resto...¿vale?.
-Vale... -dijo Luis afirmando con la cabeza.
-¿Alguna duda?
-Sí...¿qué es el resto?...¿un motor, algo para pescar, un video musical?
-No idiota, ¡el resto es ésto!... -dijo Juan mostrándole una gran lista para comprar.
-¿Podemos empezar otra vez?
-Bueno, vale, entonces yá sabes, te encargarás de los alimentos, de la bebida, de los salvavidas y de la embarcación... ¿entendido?
-Siiiiií...,¡OoooK!.
Juan dio un chascarrido con sus dedos para llamar al camarero que, como ya los conocía e, intuyendo que lo llamaban para pedirles el dinero para poder pagar la consumición, como de costumbre, se hacía el despistado agarrado a su escoba y silbando mientras barría por debajo del mostrador.
-¡Chissss, waiter, please!....-le dijo Juan al afanoso camarero.
-¿Qué te pasa en la boca? -preguntó Luis.
-A mi nada, analfabeto..., eso es inglés de Inglaterra.
-¡Andaaaa!...¿y cuándo lo has aprendido?
-Ayer, en una película.
-¿Y qué significa?
-Pues...no tengo ni idea pero..., cuando lo decían, venía el camarero.
-¿Puedo decirlas yo?..¡¡Venga...porfa!!
-Está bien...pero pronúncialas bien eh.
-¡Chisss..., vater, pisssss!...-dijo Luis-...¡pues no viene!...será un analfabeto como yo o, no habrá visto la película...como yo...
-O será tan idiota como tú..-añadió Juan.
El camarero les observaba de reojo e intentaba seguir haciándose el despistado. Juan se levantó y con una voz un tanto elevada le dijo:
-¿Vienes o mando a Luis a por ti?
Aquellas dulces palabras le convencieron y acto seguido acudió rápido a la mesa.
Pero, a aquel camarero jamás le vieron emocionarse y, en ese instante...¡lloró de alegría y emoción!; la cara le cambió como de la noche al día cuando Juan le pidió la cuenta y todas la deudas pendientes para saldarlas.
Tras repartirse el dinero, salieron del bar y cada uno tomó una dirección distinta. Luis se fue hacia la izquierda y con un rotulador, mientras caminaba por la acera, iba tachando en su lista...
-¿Comida?... eso luego, en el bar, ¿bebidas?... en "casa Tonica", ...¿embarcación?..., eso sí, eso ahorita mismo.
Luis se echó mano al bolsillo y sacó un gran fajo de billetes y al contemplarlos, solamente pudo decir...
-¡Buaff, qué pasada! -y es que no estaba acostumbrado a tener tanto dinero; siempre iba más estirado que el pellejo de un tambor.
Pero, al pasar por unos recreativos, frenó en seco, miró através de los cristales el interior del local y se convenció a entrar a echarse unas partidillas al billar yá que aún le sobraba bastante tiempo.
Al cabo de trés horas, trece minutos y quince segundos, salió de aquellos recreativos, se echó de nuevo la mano al bolsillo y tan sólo pudo encontrar la lista de la compra y un par de billetes; ¡lo haba perdido todo y aún no había comprado nada!.
-¿y ahora qué hago?...!Juan me va a matar cuando se entere!
Mientras tanto, Juan, ya lo tenía todo comprado y repartido en varias bolsas de plástico; tan solo unos pequeños detalles y descansar bastante hasta la hora de la partida: iba a ser bastante dura la aventura y debía de almacenar las suficientes fuerzas.
          

 

 

 

 

 

 

                          Capítulo  IV
      El  REMO-TOR, el chapuzón y centrifugado

 

Juan seguía esperando junto al mar. Se levantaba, daba varias vueltas alrededor de una piedra, miraba de nuevo el reloj de su muñeca y volvía a sentarse...
-¡Siempre igual, siempre llega tarde a todas las partes!...¡es increíble este tío, ya lleva tres horas de retraso..., cuando lo coja se va enterar!
Una sombra surgió a lo lejos. Evidentemente, era él, Luis. Su figura era eso, su figura, única. Venía corriendo, cargado de bolsas y con algo que se asemejaba a un bote de goma sobre la cabeza.
-¡Has tardado un poco poco, eh! -le dijo Juan en tono irónico y señalándole el reloj de la muñeca.
-Sí, es que he tenido un pequeño problemilla en el autobús...
-¿Qué te ha pasado?
-Pues... -se explicaba Luis mientras iba dejando la carga sobre la arena-,...resulta que ésta embarcación se infla automáticamente apretando un pequeño botoncito y, en el autobús, cuando venía hacia aquí, algún graciosillo lo apretó y al no poderse desinflar, pues no he podido salir de él teniéndo que ir hasta el final del trayecto y, desde allí hasta aquí a pata,...¡¡casi tres
kilómetros!!.
-Bueno, bueno, bueno... -decía Juan mientras giraba entorno a aquel bote para examinarlo-...¿tú crees que aguantará? ¿no parece muy poco viejo?.
-¡Pues claro que sí aguanta, hombre!, además, el que me lo vendió, me ha dado su palabra de que si se pincha en alta mar, se lo llevemos, que él nos devolverá el dinero...¿es para fiarse, o no?.
-¡Pero mira que eres inocente!, ...osea...¡¡si pinchamos en alta mar!!...jeje...¿no sabes que es imposible pinchar en alta mar?
-¿Por qué?
-Porque no hay piedras ni chinchetas, burro.
-¡Anda, pues me quitas un peso de encima!.
Juan no estaba muy seguro de salir en aquella chapuza; aquel bote además de ser bastante viejo, tenía parches a diestro y siniestro. Era igualito a los que se pueden ver en los contenedores de basura tras la temporada de verano.
-¿Y el motor? -preguntó Juan buscando entre las bolsas.
-Sí, espera, que ahora viene lo mejor... -Luis metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó dos tubitos que parecian dos catalejos, les dió un pequeño golpe y aquellos tubitos se alargaron. Por una ranura que tenían ambos en los extremos metió una especie de plato de plástico verde.
-¡TADAAAA...! -exclamó Luis a la vez que daba un saltito.
-¿Y eso qué es? -pregunto Juan sorprendido.
-¿Esto?...pues que va a ser...¡¡¡el motor y los remos!!!, creo que lo llaman el REMO-TOR
-¡Jajaja!....¿Y con esto vamos a lanzarnos a la aventura? -preguntó Juan riéndose...
-Si, si, tu riete, jeje, pero vas a ver la "hartá" que nos vamos a dar de pescar...
-Bien, vale,...¿qué has traído para comer?.
-Pues...un bocata de calamares y otro de atún para cada uno. Están aquí, en esta bolsa...
-No sé si me apetecerá mucho comerlos en medio de tanta agua...¿no crees?...comer pescado en mitad del océano...no sé, no sé...
Trás introducir todos los trastos en el interior de aquel bote, lo agarraron por ambos lados y se encaminaron hacia el mar.
Alcanzados no más de medio metro de profundidad, lo dejaron flotar sobre el agua. Uno de ellos debía empujar el bote desde el agua mientras que el otro debía de ayudar con los remos desde arriba. Luis, al ser más alto que Juan, decidió ser él quien lo empujara desde el agua.
-Sube tú y rema,... mientras, yo te empujo.
Juan se subió al bote armándose con un remo en cada mano mientras Luis iba empujándole por detrás haciéndo deslizar el bote bastante rápido en aquellas tranquilas aguas.
-¡Sube, sube ahora Luis! -gritó Juan-, ¡sube que yá hay suficiente profundidad para poder remar!
-¡Ya voy pero tú ten cuidado con las olas!
-¡No te preocupes, lo tengo todo bajo control!
Luis intentó subirse al bote pero las paredes de plástico estaban resbaladizas y le hacían caer una y otra vez...
-¡¡no puedo subir...me resbalo con la goma!!
-¡Che, pero qué inútil eres! -le dijo Juan mientras intentaba mantener el equilibrio en el bote...-¡toma, cógete de esta punta del remo que yo te aguanto por esta otra!
-¡vale! -le contestó Luis que tomó la punta del remo.
-A la de tres estiras, ¿vale? -dijo Juan.
-¡afirmativo!
A la una ... a las dos ... y a la de....¡¡PLOOFF!!.
Fue tal el impulso de Luis que en vez de subir él, el que bajó fue Juan y con tan mala fortuna que un pie se le enganchó en la bolsa de la comida. Tanto la bolsa como Juan y su pie fueron a parar al fondo del mar. El chapuzón fue de aupa...
-¿Eres tonto o qué? -preguntó Juan un tanto enfadadillo y remojado...
-¿Yooo...por qué?
-¡Te dije que estirases a la de tres y no antes, idiota!...
-¡vale hombre vale,...un fallo lo tiene cualquiera eeeh!
Dada la profundidad del mar; tan sólo les llegaba el agua por la cintura; sólo fue un simple susto. Decidieron, para evitar males mayores, subirse los dos a la vez en la misma orilla e ir empujando con la ayuda de los remos, al estilo gondolero, hasta llegar a una profundidad que les permitiera remar...
-Por curiosidad, -dijo Luis-, ¿te puedo hacer una preguntita?
-¿Qué quieres?
-¿Tu sabes ... remar?
-Yo no, -respondió rápido Juan-,..¿y tú?
-Yo tampoco..., pero creo que no será muy dificil, además, he visto casi todos los documentales de "Jaques Cousteau"...¿creés que ya se podrá remar?
-¡vamos a ver qué tal!
Cogieron un remo cada uno, los clavaron en el agua y comenzaron a remar pero, aquel bote, empezó a dar vueltas y más vueltas de una forma alocada...
-¡¡Para, para, para, paraaaaa...!! -gritaba Juan mientras se agarraba de ambos lados del bote para evitar caer por la velocidad angular...
-¡Soooooooo caballioooo!
-Me late que no lo estamos haciéndo bien...-dijo Juan. Parecía como si les hubiésen metido en una lavadora con el centrifugado puesto; vueltas y más vueltas...-¡A ver Luis, consulta el manual!...
-¡ay sí, el manual!...¿y por dónde lo busco Juan?
-Por dónde va a ser...¡por la "re" de remar tonto!...
-A ver, a ver,...re...retales, re...renacuajos, re...remar, ¡ya lo tengo!, remar...y dice: "...cogiéndose el remo o remos por la parte MAS FINA, empújese la pala en el MISMO sentido al avance de la embarcación y cada remo en sentido CONTRARIO de cada lado."...¡está claro...tú pallá y yo pacá!... Esta vez el bote comenzó a navegar mar a dentro grácias a las intrucciones del manual pero no exáctamente en línea recta, sino más bien en zig-zag; a la que remaba Luis el bote iba hacia la derecha y, en el turno de Juan, hacia la izquierda... -¿Sabes a qué me recuerda este movimiento Juan?
-Pues no... -¡Al trasero de tu novia, jeje!...
-jeje.. graciosillo el nene, eh!...
-Si...jeje...
-Pues menos gracias, que esto es serio. Encárgate de las referencias...
-¿Referencias?
-Si, referencias, referencias...¡vuelve a mirar en el manual, a ver poco a poco aprendes algo!
-A ver, a ver...¡aquí está!..."Referencias: puntos terrestres inmóviles cuya unión indican o señalan un punto concreto en el mar. Tómesen como mínimo tres o más....", ¡está claro!
-¿seguro?...mira que luego tendremos que volver a tierra...
-No te preocupes Juan, tranquilo....
 
 
            

 

 

 

 

 

                          Capítulo  V
      El  "Jack el estripador" de los gusanos.
Pasadas varias horas de navegación, si se puede llamar navegación aquel movimiento, consiguieron a base de un gran esfuerzo físico, alejarse de la orilla varios centenares de metros. Luis no cesó de tomar referencias; folios y folios de referencias. El ruido del REMO-TOR dejó de sonar y una calma tremenda surgió de la nada. El sol calentaba a máxima potencia y allí estaban ese par de viejos lobos marinos rodeados por centenares de litros de agua.
-Aquí nos quedamos...¿te parece bien Luis?
-Bien, vale...¿echo el ancla?
-Sí sí, mientras yo sacaré los cucos.
-¿Cucos?...¿y "ezo que e"?
-Los gusanos, las lombrices, el cebo de pesca. Ayer tuve que estudiar bien a fondo el manual para elegir el cebo adecuado...hay bastantes clases.
-A ver, dejamelos ver...-dijo Luis acercándose a Juan.
-Toma, mira este...
-¡qué cucos! jeje...¿y de qué clase son?
-Eso depende desde dónde proceda, del lugar de donde los traen...mira, estos son de playa, estos son del norte, estos son de beta y...¡mira estos!
-¡¡¡Uagggg, qué asco...qué feos son los condenaos!!!
-No son para presentarlos en un concurso de belleza, sabes.
Mientras Luis se entretenía observando el gracioso movimiento de un gusano sobre la palma de su mano, Juan leía en el manual la forma correcta de colocar el gusano en el anzuelo. Primero debía de atravesarle una fina aguja para luego pasarlo al anzuelo...parecía sencillo.
-¡Oye Luis, observa que dominio!
Juan se giró hacia Luis para observarle y vio como llevaba cogido con dos dedos de su mano a uno de los gusano y con la otra mano la aguja que la acercaba al gusano poco a poco. Tenía que traspasarlo a lo largo, como un calcetín. Las mirabas de Juan y Luis, de Luis y el gusano y, del gusano y Juan se cruzaban, la tarea empezó a complicarse a Juan ya que aquel gusano empezó a moverse de una forma alocada...¿cualquiera no, verdad?
-¿Qué haces? -preguntó Luis algo contrariado.
-Tú mira y aprende...
La afilada aguja comenzó a penetrar aquel gusano por la boca. Un líquido verdoso y asqueroso salía por la otra punta de la aguja. Luis miraba a Juan con un rostro mezcla de asombro y pánico; no podía creer que su íntimo amigo fuese tan..., tan..., tan bestia y asesino. Cogió uno de los remos con ambas manos con animo de defenderse y arrimó a uno de los lados del bote, el más alejado, gritando con indignación...
-¡¡asesino, eres un asesino...te voy a denunciar a la sociedad protectora de animales y bichos!! ¡¡¡asesino...gusanocida!!!
Juan, con las manos manchadas por aquel liquido verdoso que despedía el yá difunto gusano, no comprendía la reacción de su amigo e intentaba explicarle...
-Pero Luis...si...si es lo que pone en el manual y en la caja, mira...
Al acercarse Juan para enseñarle el manual, Luis, con el remo por arma entre las dos manos, no veía ya a su amigo en aquella persona, veía a un asesino, "Jack el destripador" era un tierno corderito en comparación a Juan, -debe de haberle afectado el calor-, pensaba Luis que, con un giro rápido de cintura, le propinó un golpe seco a la mano con la que Juan sujetaba la bolsa de los gusanos...
-¡ni manual, ni leches...! ¡¡¡toma!!!...
-¿Qué haces, estás loco o qué? -le preguntó Juan cogiéndose con la mano sana la que había sido golpeada...
A causa de aquel golpe los gusanos fueron despedidos un par de metros del bote y, al tomar contacto con el agua, salieron apresuradamente de sus incomodos aposentos...
-¡¡libre, libres!! -coreaban y gritaban mientras huían, aplaudiendo a la vez a Luis por su buena acción.
-¿Y ahora qué?...¡sin comida, sin gusanos, sin nada! ¿qué hacemos? -le preguntó Juan reprochándole la acción a Luis.
-Ahora...pues a tomar el sol.
-¿a tomar el sol?...¡a tomar por el...!, menos mal que aun me queda el gusano de la aguja.
Juan colocó, según el manual, el gusano en el anzuelo pero, en esta ocasión, casi a escondidas de Luis, y lo lanzó al mar. Esperaba al menos no irse con la saca vacía, cosa que según el manual era hacer una "Porra".
          

 

 

 

 

 

 

                          Capítulo VI
                  RA-DI-O-E-MI-SOR
     
Pasaba el tiempo en silencio, solamente se oía el “chap-chap” de las olas golpeando suavemente los lados del bote. Juan tenía la mirada fija en la punta de la caña, sujetándola con ambas manos. Seguía esperando que algún animal marino despistado mordiese en el anzuelo.
-¿Has traído la radio? -preguntó Juan.
-Afirmativo ... -respondió Luis desde el otro lado del bote.
-Pues enciéndela y pon el canal 33, el de los pescadores, por lo menos nos distraerá un poco...
-¿El canal 33?
-Sí, sí, el 33.
-Pues ... me parece que va a ser un poco dificilillo ¿sabes? -dijo Luis con la radio en las manos.
-¿Y eso por qué?
-Porque con esta radio solo se coge a “laencanna” y con dificultades...
-A ver, déjame que la vea...
Luis se le acercó para dejarle examinar la radio a Juan, que no apartaba su mirada de la punta de la caña.
Aquel aparato era una radio normal, eso si, bastante vieja y con cables que se asomaban al exterior. La antena era un viejo trozo de alambre retorcido y negro por el óxido.
-Pero... ¿qué radio has traído inútil? -preguntó Juan tras examinarla.
-La la la... la de mi novia Ernestita -respondió Luis con voz temblorosa y recelosa por la posible reacción de Juan; no hacía mucho que había visto como había sido capaz de traspasar una aguja en aquel inocente gusanito que ahora estaba en un solitario anzuelo bajo el agua. -¿Sería capaz de hacerme algo semejante a mí, a su amigo? -pensaba Luis.
-¿Ernestita? ... ¡a ti si te voy a dar Ernestita! ¡en la lista te puse bien clarito que trajeras un radioemisor!¡¡RA-DI-O-E-MI-SOR!! - grito Juan mientras le devolvía el aparato de malos modos a Luis.
-Bueno, bueno,...¡que un fallo lo tiene cualquiera, eh!, además, no sé con quién ibas a hablar aquí...
-No se trata de hablar o de no hablar, se trata de que lo pone en el manual y si lo pone será por algo, ¿o no?. Esperemos no lamentarnos de ello, de todas formas podrías poner algo de música, por lo menos...
Luis pulsó el interruptor de encendido, -CLIC-, pero la radio permanecía en el más absoluto silencio, -¿qué pasa aquí?- se preguntó Luis. Movía el dial hacia arriba, hacia abajo; giraba la vieja antena hacia la derecha, hacia la izquierda, abajo, arriba. Intentaba coger la onda, la onda herziana no la onda marina. ¿Dónde estará la onda?. Nadie lo sabía pero Luis seguía intentándolo. Incluso tocaba con la puntita de la antena el agua del mar para ver si así, la transmisión, resultaba más fácil pero sin éxito...
-Esto no pita Juan.
-Le faltaran pilas, ¿no?, -le contestó Juan que seguía sujetando la caña con ambas manos, sentado en el suelo del bote y con las piernas cruzadas al estilo del mejor indio Cheroky.
Luis se acercó el aparato de radio al oído balanceándolo, y a su yunque, a su martillo y a su trompa de no sé quién llegó un "CLANC-CLANC", como cuando un líquido golpea las paredes metálicas de un depósito.
Luis parecía tenerlo claro...
Pues parece que tiene el depósito lleno de combustible.
-¿combustible? -preguntó Juan extrañado- ¡pero si va a pilas!. A ver, trae...
Juan dejó la caña y estiró el brazo para que Luis le acercara la radio. Abrió el compartimiento donde debían de alojarse la pilas y, un chorrito de agua sucia de óxido a presión le llegó hasta su cara.
-¡con que combustible, eh!
-Pues... pues yo oía un CLANC-CLANC...
Juan, con la cara oxidada y el aparato de radio en la mano, la que tenía aún las secuelas del remazo que le propinó su amigo, tomó un ligero impulso y lo lanzó a gran velocidad hacia el rostro de Luis...
-¡Toma, ésto por el remazo de antes! -dijo Juan al mismo tiempo que lo lanzaba.
Pero Luis, con un estilo pujilístico depurado, con un simple giro de caderas y de una forma increíble, esquivó el artefacto, el cual fue a parar a las aguas marinas.
Al tomar contacto con el agua pareció escucharse del interior del aparato; "laencanna de día, laencanna de noche", seguido de un glub-glub, señal de que se ahogaba, se ahogaba y... ¡se ahogó!
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CONTINUARÁ----------------------------------------------------